
¿Quién eres?
Bajo la noche solitaria y melancólica, te encontrabas vagando por mi mente, hasta que me di cuenta que estaba parada en una avenida hasta altas horas de la noche, no sabes la alegría que me causó tenerte por un momento en mis pensamientos, pero de la nada aparecieron un par de ojos que inconcientemente me causaban cosquillas en la espalda. Talvez fue el frío que escarapelaba mi cuerpo o los nervios de tener a un desconocido detrás de mí, fue curioso, yo volteaba como quien no quería la cosa, para saber quien era ese susodicho extraño. Definitivamente, con la esperanza que fueras tú el que me observara, me llevé con la sorpresa de que era un joven alto, de cuerpo robusto, cabello lacio con una sonrisa que saboreaba la mía a pesar de la distancia.
Yo espera que fueras tú, pero el destino no lo quiso así, esperaba que te borrara de mi mente por ese momento, para darme a entender que en la vida hay más oportunidades y aferrarme a una sola sería casi imposible buscar más opciones a la felicidad.
No pude creer cuando la anciana pintoresca se me acercó para preguntarme que bus esperaba, luego te preguntó y respondiste lo mismo que yo, y la persona con años demás te dijo fuerte: ah! Igual que la señorita y nos miramos y aunque sea de noche me di cuenta que ambos nos ruborizamos con la boca cerrada mostrando seriedad, hasta que la petisa señora se fue hablando sola mientras subía a su carro.
Después de 10 minutos que la dama se esfumara yo volteaba, mostrando con los movimientos de mi brazo que tenía frío y desesperación por que el carro no llegaba. Hasta que tú diste el primer paso y me preguntaste, vas a México, y yo sonrío y digo, sí, y nos fuimos caminando por que el carro no llegaba.
Mientras pasaba el aire corriendo sobre nuestros rostros, dejando helados nuestros cuerpos, íbamos conversando como si nos conociéramos desde hace mucho y que nos encontramos después de tanto tiempo.
Llegamos al paradero y me di cuenta de tu sonrisa pero no dije nada, impresionantemente teníamos los mismo gustos pero guardando algo dentro de tus profundos ojos, tu inesperado nombre, que hasta ahora me pregunto cual será.
Bueno, en el carro nos sentamos juntos, conversábamos, y parecía que querías preguntar mi nombre, de igual manera yo, pero no nos atrevíamos a hacerlo ninguno de los dos, ya sea por vergüenza o los nervios.
Te despediste con un beso en la mejilla, bajaste del bus y con un movimiento del brazo me dijiste adiós, hasta nunca, y yo en mi mente decía adiós, ángel que cuidaste de mí por unos minutos, caminando por las calles de la alborotada Lima.
Me quedé con la duda de quien eras, y creo que seguiré así, que pena, fue lindo conversar contigo, te conocí tan rápido, pero cuidado por que, sonrisas vemos pero mentes no sabemos.
A pesar de todo fue un gusto y gracias, hasta otra oportunidad ángel, aunque no sepa tu nombre quizás un día crucemos miradas por algún lugar.
Bajo la noche solitaria y melancólica, te encontrabas vagando por mi mente, hasta que me di cuenta que estaba parada en una avenida hasta altas horas de la noche, no sabes la alegría que me causó tenerte por un momento en mis pensamientos, pero de la nada aparecieron un par de ojos que inconcientemente me causaban cosquillas en la espalda. Talvez fue el frío que escarapelaba mi cuerpo o los nervios de tener a un desconocido detrás de mí, fue curioso, yo volteaba como quien no quería la cosa, para saber quien era ese susodicho extraño. Definitivamente, con la esperanza que fueras tú el que me observara, me llevé con la sorpresa de que era un joven alto, de cuerpo robusto, cabello lacio con una sonrisa que saboreaba la mía a pesar de la distancia.
Yo espera que fueras tú, pero el destino no lo quiso así, esperaba que te borrara de mi mente por ese momento, para darme a entender que en la vida hay más oportunidades y aferrarme a una sola sería casi imposible buscar más opciones a la felicidad.
No pude creer cuando la anciana pintoresca se me acercó para preguntarme que bus esperaba, luego te preguntó y respondiste lo mismo que yo, y la persona con años demás te dijo fuerte: ah! Igual que la señorita y nos miramos y aunque sea de noche me di cuenta que ambos nos ruborizamos con la boca cerrada mostrando seriedad, hasta que la petisa señora se fue hablando sola mientras subía a su carro.
Después de 10 minutos que la dama se esfumara yo volteaba, mostrando con los movimientos de mi brazo que tenía frío y desesperación por que el carro no llegaba. Hasta que tú diste el primer paso y me preguntaste, vas a México, y yo sonrío y digo, sí, y nos fuimos caminando por que el carro no llegaba.
Mientras pasaba el aire corriendo sobre nuestros rostros, dejando helados nuestros cuerpos, íbamos conversando como si nos conociéramos desde hace mucho y que nos encontramos después de tanto tiempo.
Llegamos al paradero y me di cuenta de tu sonrisa pero no dije nada, impresionantemente teníamos los mismo gustos pero guardando algo dentro de tus profundos ojos, tu inesperado nombre, que hasta ahora me pregunto cual será.
Bueno, en el carro nos sentamos juntos, conversábamos, y parecía que querías preguntar mi nombre, de igual manera yo, pero no nos atrevíamos a hacerlo ninguno de los dos, ya sea por vergüenza o los nervios.
Te despediste con un beso en la mejilla, bajaste del bus y con un movimiento del brazo me dijiste adiós, hasta nunca, y yo en mi mente decía adiós, ángel que cuidaste de mí por unos minutos, caminando por las calles de la alborotada Lima.
Me quedé con la duda de quien eras, y creo que seguiré así, que pena, fue lindo conversar contigo, te conocí tan rápido, pero cuidado por que, sonrisas vemos pero mentes no sabemos.
A pesar de todo fue un gusto y gracias, hasta otra oportunidad ángel, aunque no sepa tu nombre quizás un día crucemos miradas por algún lugar.

