
Escuché tus gritos, se humedecieron mis ojos.
Imaginé tu rostro y no aguanté el dolor que trasmitía tu mirada.
Estás tan abajo que ni logras mirarme, estoy tan arriba que ni logras escucharme.
Me lastiman los golpes que recibes, me duele verte así.
Te escucho gritar muy fuerte y con la voz llorosa ¡POR FAVOR, YA NO SIGAS MAMÁ, ME DUELE! Como si a eso se le podría llamar madre.
No soy nadie para juzgarte pero sí puedo reclamarte.
Sin embargo la única que te oye es una cobarde, que por miedo a tener problemas no te auxilia. Perdóname DIOS, por ser tan cobarde.
Discúlpame, criatura hermosa, pero en tu vida no puedo meterme.
